Opinión

PATTON, EISENHOWER Y VENEZUELA @juliocasagar

Muchísimas veces, desde esta ventanita virtual de papel, hemos citado la famosísima sentencia del barón Von Clausewitz que nos recuerda que “La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Lo hacemos una vez más para apoyar una reflexión sobre el tema de las alianzas circunstanciales que ocurren no solo en la política, sino también en la guerra, que, como bien dice el militar prusiano es política, pura y dura.
Nos valdremos del relato de una divergencia en el curso de la segunda guerra mundial, entre dos grandes amigos y colegas oficiales de tanques del ejército norteamericano. George Patton y Dwight Eisenhower. Estos dos grandes amigos, ostentaban personalidades muy diversas. Patton impulsivo, dicen que tan valiente que le llegaron a apodar “sangre y cojones”, con muy pocas dotes para la política y Eisenhower, gran estratega militar también, pero con tantas dotes para la política que llego a ser el 34° presidente de los Estados Unidos.
Patton había encabezado la invasión aliada a Sicilia y tomado a Palermo. Además, luego de la invasión a Normandía, fue el gran artífice de la derrota de los alemanes en su contraataque en Las Ardenas, que fue decisivo para que se abriera el camino a Berlín a las tropas aliadas.
Patton se sentía con todas las credenciales y galones (nunca mejor dicho) para ser el primero en cruzar el Rin y dirigirse directo a Berlín. Sin embargo, su gran amigo lo impidió, le cortó los suministros y el combustible y los desvió a Montgomery que, de alguna manera, rivalizaba con norteamericano en el campo de batalla. La razón fue eminentemente política. Patton solía comentar que había que continuar la guerra y llegar a Moscú para derrocar a Stalin y, para la época, eso era una idea “políticamente incorrecta”. Sin Stalin, hubiera sido más largo y penoso derrotar a Hitler.
No escapaba a Eisenhower que el avance del Ejército Rojo desde el oriente hasta Berlín, haría que todos los países que quedaran detrás de sus líneas, después de haber derrotado a Hitler, estarían bajo influencia soviética, como efectivamente ocurrió y como fue refrendado en las Conferencias de Yalta y Potsdam. Tampoco que en agosto de 1939, la URSS y Alemania habían firmado un infamante pacto para repartirse a Polonia e invadir juntos ese martirizado país.
¿Se equivocó Eisenhower? ¿Era un agente comunista? ¿Conceder tal ventaja y toda la Europa del Este a Stalin, no era engendrar otro problema? La respuesta a las dos primeras preguntas es definitivamente: ¡No! Ike no se equivocó y no era un agente bolchevique, ni un quinta columna del comunismo internacional. Se trató de una decisión más que militar, eminentemente política. Compartir con un adversario e incluso con un enemigo ideológico de quien conocías todas las crueldades y comportamientos anti democráticos, fue una necesidad del momento. Fue comulgar con una rueda de molino, pero fue necesario, como dijimos, para apresurar la derrota de Hitler y ahorrar las vidas y desgracias que hubiese implicado que la guerra durara más.
Hoy en Venezuela, algunos se han escandalizado porque Leopoldo López, ha manifestado una realidad más que evidente: Que con Maduro no se puede hacer una transición, pero que sería importante que elementos de su administración le abandonaran y participaran de un proceso de transición que abriera el camino a unas elecciones libres.
Esto, que parece de lógica formal y de sentido común, nos fue enseñado hace muchísimos años por Gonzalo Fernández de Córdoba, el oficial castellano apodado el Gran Capitán, quien nos recomendó, por allá alrededor del 1.510, que “al enemigo que huye, puente de plata”.
De la misma guisa, el gobierno de Donald Trump, a través de su comisionado para Venezuela, Elliot Abraams, ha propuesto un esquema de transición que ha ido muchísimo más allá de lo planteado por Leopoldo López: Ha llegado a expresar que los altos representantes militares podrían quedarse en un gobierno de provisional y ha establecido un procedimiento gradual de levantamiento de sanciones, acompasado al cumplimiento de ciertas condiciones de re democratización del país y reconocimiento de sus instituciones. ¿Duro de tragar? ¡Si! Muy duro, pero es su propuesta. La de la administración de Donald Trump. Esquema que, por cierto, ha sido puesto a rodar de nuevo, en estos días, por razones que bien valdría la pena dilucidar. ¿Será que algo se está moviendo en este sentido? Ya veremos.
Lo que si es cierto es que, así como para acordar plataformas unitarias con factores de la oposición, la frontera que no debía traspasarse es la de la ética, en este caso, además de la ética, es decir, no estar involucrado en actos de corrupción, tampoco deberían tener espacio en una transición aquellos que han sido responsables, directa o indirectamente, de violación de derechos humanos. Pero de que es necesario quebrantar políticamente el frente interno del régimen, es una verdad de Perogrullo y en esa vía, van las propuestas de transición presentadas por Guaido y por la administración norteamericana.
Ya veremos cuál es el resultado de las elecciones en los Estados Unidos. Independientemente de lo que nos diga el corazón, y de nuestras simpatias, lo cierto es que Guaido deberá trabajar con quien resulte electo. Los Estados Unidos son el país más poderoso del planeta y ha venido sosteniendo un apoyo consecuente a nuestra causa democrática. Ha estado, sin dobleces, activando para que logremos salir de esta pesadilla con unas elecciones libres, justas y verificables. Su solidaridad y la de la Unión Europea se mantendrán intactas aun después del simulacro electoral del 6D. Si nuestros aliados nos apoyan, lo mismo deberíamos hacer todos los venezolanos.
El sufrimiento que padecemos no hace distinciones de ideologías y posiciones políticas. Por todo el país, la gente protesta unida, independientemente de por quién hayan votado antes. Ese es el modelo a seguir para reconquistar la democracia y reconstruir a Venezuela.

 

Julio Castillo Sagarzazu

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