Opinión Política

POLARIZACION, BURBUJAS Y TAREAS Julio Castillo Sagarzazu @juliocasagar

La Polarización es la zona de confort de los populistas. Como los tiburones, no pueden estar quietos porque se ahogan. Necesitan un ring de boxeo; necesitan provocar y que se les responda. Esa permanente tensión es la que les permite estar siempre en la palestra. La polarización, tiene otra maravillosa virtud para un populista en el poder, con ella logra que la gente se olvide de los verdaderos problemas y se concentre en la quincalla ideológica que el populista pone en el debate: patriotas vs apátridas; ricos vs pobres; la revolución contra lo establecido y muchas otras baratijas más.
Un populista huye de la “transversalizacion” de los problemas, como los vampiros del agua bendita. Cuando un liderazgo se aparta de la polarización y habla de los problemas de la gente y logra convencer a amplias capas de población del axioma: “No importa como pienses, padecemos todos las mismas tragedias”, está dando un gran paso para derrotar la trampa dialéctica del populismo.
Chávez, de la escuela de Castro, que acuño la frase: “Toda revolución necesita un enemigo” manejó, desde su campaña, la tesis de la polarización para fortalecerse. Desde que prometió freír las cabezas de los adecos, hasta su último aliento, estuvo confrontando y polarizando para no dejar morir su liderazgo.
A lo que más temía era a la confraternización de sus partidarios con los “escuálidos”. Tenía terror de que se contaminaran con las verdades que podían contarles. Entró en pánico y monto en cólera cuando, luego de una estupenda marcha de opositores, se armó un partido de futbolito en la autopista de Prados del Este porque, como buen jugador de caimaneras que era, sabía que al final de cada una de ellas, se habla de lo humano y lo divino, alrededor de un sancocho y una caja de cerveza. Por eso estigmatizo aquella muestra de confraternidad.
Desafortunadamente, le hicimos el juego abandonando el campo de futbolito y regresando al ring de boxeo.
Sin embargo, para ser completamente justos debemos decir que no siempre hemos caído en ese trampajaula. La oposición democrática venezolana ha logrado, en varias ocasiones, salirse de ese brete diabólico. Cuando lo ha hecho es cuando ha logrado sus mejores marcas. El 2015 cuando se obtuvo la brillante victoria en las elecciones parlamentarias lo hicimos con una narrativa que nos conectó con la mayoría de la sociedad venezolana y no solamente con nuestros afines. Le dijimos a los venezolanos que hacían cola; que no conseguían alimentos y medicinas; que estaban desesperados en las puertas de los hospitales, que votando por nosotros, estaríamos dando un gran paso hacia la solución de sus problemas. Con esa predica, logramos recuperar toda nuestra votación y mordimos la base política del chavismo. Algunos votaron por nosotros y la gran mayoría se quedo en su casa dándole la espalda a Maduro y al PSUV. Desgraciadamente, a las pocas semanas, volvimos a caer en la trampa del enfrentamiento polarizado: En lugar de seguir en nuestro acompañamiento social del venezolano sufrido para seguir nutriéndonos de los ciudadanos cansados, nos lanzamos a decirle que en 6 meses sacábamos a Maduro. Su respuesta fue: “vengas a sacarme” y aún estamos en eso.
Ahora bien, esta nota no pretende ir de análisis de aciertos y errores (que siempre será necesario hacer) Mas bien, trataremos de plantear una vuelta a un territorio del que nunca hemos debido haber abandonado para salir del terreno minado de la polarización. Esta tierra mágica no es como la de Alicia en el país de las maravillas, porque vivimos en un país donde hacer política con la gente se ha vuelto complicado, complejo y sobre todo, peligroso. Lo que pasa es que política sin gente es como diría Rómulo Betancourt “un arroz con pollo sin pollo”. Eso nos a obligar a buscar las maneras de colarnos por las pocas grietas que el régimen ha dejado para reencontrarnos con la gente que más padece que es la mayoría de nuestros compatriotas, para ganarles de nuevo al espíritu de la lucha democrática para recuperar a Venezuela.
Dicho en otras palabras, debemos regresar a hablar el lenguaje de los más sufridos de Venezuela, desechando el esquema de la polarización política, para volver a reencontramos juntos y para que entonces, se obre el milagro de conciencia que no es otro que la gente haga el “link” entre sus problemas cotidianos y la necesidad del cambio político y no al revés, que es un mecanismo reservado las elites cultas e intelectuales.
Las líneas que siguen, son ideas al voleo y no tienen obviamente la pretensión de constituirse en manual alguno. Quien escribe, no tiene la formación académica para encontrar las palabras justas que las ciencias sociales acuerdan para cada cosa, sino muchos años en la lucha política que alguna experiencia han dejado. Aquí van, las ideas:
1- REENCONTRARSE CARA A CARA CON LA GENTE: No hay nada que sustituya al contacto personal en la política. La política es “analógica”, no es digital. Las redes sociales han contaminado una parte del accionar de la política y ha deslumbrado a muchos. Su enorme influencia entre la gente, su posibilidad de darse a conocer, han convertido a muchos dirigentes políticos en “influencers” y les ha hecho olvidar que en realidad son obreros de una causa que se construye CON la gente y ladrillo a ladrillo. Regresar al barrio, a la comunidad, al condominio es una tarea impostergable. El espejismo del grupo de Whatsaap y los seguidores de Instagram, no pueden seguir nublando el entendimiento. Son todas burbujas que nos alejan de la realidad. Hay que valorarlas como lo que son, una herramienta y no un fin en sí mismas
2- RECUPERAR LA EMPATIA Y LA SIMPATIA: En cada campaña electoral que participamos escuchamos a la gente decir: “Ahora si vienen porque estamos en campaña”. Eso nos alecciona sobre el hecho de que la relación con las comunidades debe ser constante y no episódica. Frecuentar a la gente genera vínculos estrechos y solidaridad. Reunirse para cordializar vale un montón. El sancocho, tan vilipendiado por algunos por no encontrarlo “chic”; la partida de bolas o de domino y el recordatorio en fechas importantes, crean vínculos más fuertes que los de una campaña electoral.
3- BUSCAR A LOS MEJORES: un dirigente político es, entre otras cosas, un cazador de talentos; un scout de las grandes ligas que debe desarrollar el olfato para distinguir a los que tienen condiciones para ser dirigentes y ayudar en su promoción como líderes. A ese liderazgo hay que ayudar a formarlo. Estamos hasta la coronilla de gente que llega a la política aluvialmente y no se preocupan por formarse doctrinariamente y en los principios. Es es el caldo de cultivo para los tránsfugas y los alacranes.
4- ORGANIZAR Y CREAR REDES: De nada vale acercarse, formar y crear empatía y simpatía, si no organizamos. Ira a una comunidad y organizar un operativo, un sancocho o una partida de bolas, no tiene nada de malo, pero si no se deja algo organizado, todo el esfuerzo se pierde. Hay que organizar y crear redes de organizaciones.
Los partidos y las organizaciones de la sociedad civil deberían recuperar el calor de la comunidad y de la gente de carne y hueso. Hoy por hoy, muchas organizaciones espontaneas y de voluntarios han llenado el vacío que nuestros partidos han dejado. Se trata de plantear una nueva sinergia, para hacer frente al gran reto del cambio político en Venezuela.
La procesión de la comunidad internacional, en la nueva realidad geopolítica del mundo, está moviéndose. Lo hace a favor de la procura de ese cambio, pero ese esfuerzo será incompleto, si desde adentro del país, no logramos recuperar el favor popular, indispensable para los momentos decisivos y para luego reconstruir el país en unidad, reconciliación y para el progreso de todos.
¡MANOS A LA OBRA!, como dijo el caminante aquel:

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