Opinión Política

Los hombres duros no bailan, CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ

Rusia es uno de los mayores espacios territoriales sub poblados del planeta, y ha sufrido de temor demográfico a su vecino

El documento Estratregia general de seguridad (2017), del anterior gobierno norteamericano, trata a Rusia y China como un bloque (las llama “poderes revisionistas”), lo que debe haber hecho saltar a Kissinger. Arroja luz sobre la óptica norteamericana y las alianzas globales. La lucha antiterrorista deja de ser prioridad, en una transición mundial conflictiva y difícil que exige frialdad en el análisis. La multipolaridad de los nacionalismos fenece con la Segunda Guerra.

Nace la bipolaridad de la Guerra Fría, entre dos bloques ideológicos antagónicos, dos modelos de sociedad que querían destruirse recíprocamente. Al desastre del comunismo, adviene el mundo unipolar que analizó Fukuyama, y que se tomó por el triunfo de la democracia y la economía abierta. Hoy regresa la multipolaridad con dos superpotencias, EEUU y China, unas secundarias, Europa, Rusia, Japón, India y poderes regionales influyentes.
Varios polemólogos, estudian la tendencia histórica a que las potencias emergentes desafíen las dominantes, como el auge de Atenas confluye en la guerra del Peloponeso con Esparta. Vladimir Padrino publicó La Escalada de Tucídides (2020) que es como el sabio griego llamó al fenómeno. Se teme un choque militar EEUU y China, aunque la guerra convencional mutó en guerras económica o informática, pero incontables casos en la historia confirman la teoría de Tucídides.
Relaciones peligrosas
Aun así, variables actuales tienden a evitar desenlace tan siniestro. Ninguna de las dos potencias buscaría racionalmente colapsar la otra porque caerían ambas y la economía planetaria, el aparato productivo global. Además, los arsenales atómicos son disuasivos con demasiados megatones para ignorarlos. La URSS y China estuvieron durante comienzos de los sesentas al borde de la guerra y Kissinger entendió que occidente debía estar más cerca de cada una, que ellas entre sí.
Por eso insertó a EEUU en esa brecha. Fortaleció la “detente” con la primera y dio el salto inesperado y espectacular de establecer relaciones entre la democracia norteamericana y el maoísmo, el mayor genocida de la historia. Eso previno una alianza entre las dos potencias comunistas y ralentizó la virulencia de la Guerra Fría. URSS y China rabiaban mutuas afrentas históricas, ahora atenuadas por acciones de Occidente.
Rusia es uno de los mayores espacios territoriales sub poblados del planeta, y ha sufrido de temor demográfico a su vecino. Mientras en los límites con Manchuria hay unos 15 millones de habitantes, China tiene 100 millones. Hoy arrebató a Rusia (también a EEUU) la tradicional influencia en Asia Central con el tratado de libre comercio RCEP (dic.2020)
Lo firmaron Japón, Surcorea, Myanmar, Laos, Cambodia, Indonesia, Singapur, Filipinas, Malasia, Brunei, Tailandia, Australia, Nueva Zelanda, Vietnam, la zona de crecimiento económico más rápido en el planeta y hasta hace poco, sede de la mitad de la pobreza planetaria. La Ruta de la Seda erradica la influencia de Rusia también del Ártico, y ésta transfiere desde hace unos años su alta tecnología militar a China en prueba de confianza y admisión del liderazgo.

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