Opinión Política

LA NEP, LENIN Y VENEZUELA Julio Castillo Sagarzazu @juliocasagar

En 1921, la mano invisible del mercado abofeteó a Lenin. Luego de 4 años de colectivismo forzoso, de expropiaciones, de monopolio del comercio exterior, la naciente Unión Soviética estaba en medio de una terrible tragedia humanitaria. Una hambruna recorría el país; escenas de canibalismo tuvieron lugar en muchas ciudades y casi 4 millones de muertos por hambre se registraron en aquellos espantosos años. Fue esa bofetada lo que le llevo a proclamar una Nueva Política Económica, conocida como NEP (los comunistas siempre han sido especialistas en proclamar una “novedad” después de cada fracaso)
Esa Nueva Política Económica consistía en abrir sectores de la economía a un mercado rudimentario y permitir que la pequeña propiedad privada volviera a surgir de entre las cenizas del incendio que ellos mismos habían provocado. Especialista en eufemismos también, aquel primer régimen comunista del mundo, llamo ese mamarracho: “Capitalismo de Estado” y una de las consignas (otra especialidad comunista) para darle forma a aquel viraje, que Lenin lanzo a los cuatro vientos, fue la de “KULAKS ENRIQUECEOS”. Los Kulaks eran los antiguos propietarios de tierras que habían dejado de producir y abandonado el campo a causa de la absurda regimentación económica socialista.
Este cambio de rumbo, obligado por el sentido común y por el temor a un pueblo hambriento, que puede llegar a devorar a sus dirigentes, es mutatis mutandi, muy parecido a lo que Nicolás Maduro intenta hoy en Venezuela.
Este intento, empero, como tampoco lo logro en la URSS, no tiene ninguna posibilidad de enderezar la tragedia económica del país. Primero porque, en realidad el plan de Maduro no es que la economía funcione. De hecho su “éxito” es que no funcione y que las pocas grietas por donde alguna pequeña libertad económica pueda colarse, esta esté bajo su control o bajo el control de sus amigos de siempre.
En realidad el gran plan político y estratégico de este régimen, como bien lo apunto George Eickoff, en un reciente artículo, es dirigir y comandar el desorden, debilitar o extinguir todas las instituciones (incluso las que ellos han creado) y tratar de flotar como un éter sobre el desmadre nacional.
Todos los “acercamientos” e intentos de dialogo que propone, son en realidad abrazos de la viuda negra, caramelos envenenados. Ninguna institución que se le acerque logrará sobrevivir, o al menos se tendrá que resignar a vivir con el estigma de haberle servido a sus propósitos, luego de dejarlas en una cuneta en la mitad del camino. Así ha ocurrido con La Mesita y con las organizaciones gremiales que, por ingenuidad, se le han acercado.
Es también necesario decir que ninguna “apertura” podrá resultar exitosa si no va acompañada de una democratización de la sociedad y de una reconstrucción de las instituciones. La libertad es más importante que las libertades de cada uno o de cada grupo particular, por más legítimas que están sean. El ejemplo de la URSS nos demuestra incluso que, ni con una apertura completa en la economía, la sociedad progresa en su conjunto. La destrucción de la sociedad civil en Rusia hizo que las oportunidades en la economía solo beneficiaron a pequeños grupos afectos al régimen. Los oligarcas rusos cercanos a Putin, son los verdaderos dueños de un país que sigue siendo pobre y de enormes desigualdades. El desastre de Lenin, aún no ha sido superado. Los nuevos kulaks han sido los únicos beneficiados.
En Venezuela, es sumamente importante tener en cuenta esta realidad. Jugar adelantado, pensar que alguien se puede beneficiar en el terreno político o gremial porque negocie por su lado con el régimen, es, para decir lo menos, una ingenuidad.
Como lo hemos dicho, en notas anteriores, negociar y tener contactos con los adversarios es natural en las guerras, en la política y en los negocios, pero en Venezuela (lo repetimos infinitamente) es una torpeza, o mejor dicho, es criminal que tratemos de sacar ventajas individuales. Cualquier negociación debe hacerse en el marco de un plan estratégico; debe tener en cuenta a nuestros aliados en el mundo que han sido consecuentes con la reconquista de la democracia en el país e igualmente con el liderazgo político y social que día a día se enfrenta al régimen, asumiendo los riegos que ellos implican. Es en el marco de un plan estratégico global que cualquier negociación tiene sentido y que puede dar frutos. Hoy no se vale jugar para el promedio individual, sino jugar para el equipo.
Lenin y su Nueva Política Económica y la Nueva Política Económica de Maduro nunca funcionaran. En realidad son subterfugios, fintas, sombras chinas, juegos de guerra. Lo único que les interesa es mantenerse en el poder. Para ello jugaran, como dice el tango que “juega el gato maula con el mísero ratón” y una vez que obtengan lo que quieran, les desecharan como bagazo de caña después de exprimido.
Lo necesario entonces es Jugar en equipo con dos objetivos: Uno, hacer lo necesario para aliviar la espantosa situación humanitaria, agravada por la pandemia y hacer que entren y se administren las vacunas con un plan racional y, el otro, unir esfuerzos para presionar con nuestros aliados por conseguir una salida democrática a la crisis del país.

Lo demás, no va a funcionar!

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