Política

*Hacia la nueva estrategia* por: Simón García

La estrategia opositora que ha fracasado exige la formulación de una nueva. A veces ocurre que sus contenidos se llenan prolongando en la práctica, abandonando su profundización teórica, hábitos de la antigua manera de hacer política.
Un tema es la descentralización y desconcentración de las decisiones según su naturaleza y su ámbito de aplicación.
.El proceso de selección del gobernador debe ser transferido a los mecanismos estadales que se establezcan y la del alcalde a los organismos partidistas y de la sociedad civil presentes en el Municipio.
Hay otro atributo esencial en una nueva estrategia: el espacio, el papel y la autonomía que debe existir entre partidos y expresiones Cívicas de la sociedad civil. Esto es importante para la definición del carácter de los partidos, que no pueden ser solos instrumentos de control de ciudadanos que secunden sin más sus decisiones.
Otros atributos como vías estratégicas, formas de lucha, definición y conducta hacia el campo adversario, política de alianzas, elecciones presidenciales y parlamentarias deberían ser objeto de orientación y decisión en las instancias nacionales.
La estrategia política debe estar íntimamente vinculada a un modelo de desarrollo económico y a unos logros sociales que no sean la simple reposición de los esquemas vigentes en el país anteriores a 1999.
Espero que los economistas junto con los políticos formulen las claves de una reconstrucción de la economía según nuestras necesidades y las ventajas que pueda brindarnos el mercado globalmente existente.
Parece lógico que la satisfacción de las necesidades básicas de la población sea un objetivo y que ella promueva soluciones micro económicas y la conversión de los sectores populares vulnerables en productores y poseedores de riqueza en su escala. Las demandas de abajo pueden ser satisfechas no solo mediante políticas sociales generales sino también desarrollando vocaciones productivas específicas y potencialmente ventajosas en determinada localidad y en cada Estado.
La gran producción exige otra palanca tecnológica, otra dimensión de inversiones, otros actores y probablemente un ajuste en la relación entre empuje macroeconómico y su incidencia en el bienestar de la sociedad y del crecimiento sano de la economía capitalista.
Al respecto tengo dudas como si la idea de escala no es aplicable también, con otro sentido y rendimientos, al mundo de la microeconomía.
En fin una política transicional afinada con la aspiración de vivir mejor no se reduce a disputar y lograr eficazmente el poder sino a generar un nuevo entendimiento nacional sobre las bases y alcances de un nuevo proyecto sobre lo que queremos que sea Venezuela en los próximos 40 años.

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