El desprecio como política o la política del desprecio representa a unos intereses, obviamente son intereses distantes de las necesidades de un pueblo. Además, de ser un patrón reiterativo y recurrente, cuyo fin es evadir responsabilidades.

Un estilo que no deja de convertirse en expresión de una insensatez promotora de costosos errores que pagamos muy caro los venezolanos.  Cada día observamos en los actores políticos hacer de la ofensa, el vilipendio, el agravio, el insulto y el descrédito, algo normal y aplaudible.

Pero lo peor, es que no hay una propuesta política que por lo menos viabilice en corto plazo o mediano plazo una minimización de las consecuencias de la crisis.

El país no está para más desaciertos, errores, torpeza y equivocaciones que quizás no afectan tanto a los que gobiernan o a los que aspiran gobernar esta preciosura de país. No hay duda que el gran afectado es el pueblo.

El dilema si hay gobierno o si hay oposición

Para algunas cosas hemos tenido gobierno y para otras no. De igual manera, hemos tenido oposición para algunas cosas y para otras no. Sin embargo, hay una dirigencia opositora que se desvive por administrar los recursos que provenga de los Estados Unidos y de la Unión Europea.

También hay un gobierno para gastar presupuestos discrecionales sin fiscalización alguna. En efecto, más allá del discurso altisonante de la retórica ideológicamente contrapuesta, hay puntos en comunes.

Hay coincidencia en esa forma silenciosa y sospechosa de manejar recursos de un lado y de otro. Sin ánimo de descalificar, se han manejado a grosso modo, al margen del control, de la fiscalización y de la rendición de cuenta.

Lo anterior expuesto, resulta absolutamente anacrónico porque estimula una cultura política irresponsable y enemiga de los intereses del país. La escasa capacidad tanto del gobierno como de la oposición, en satisfacer las demandas sociales del pueblo, agudizan la crisis de la partidocracia criolla.

Todas las opciones quedaron sobre la mesa

Chávez vete ya, Maduro vete ya, no solo se convirtió en el peor enemigo de la oposición, sino de un país que urge de una oposición distinta. Pareciera que no hay oposición porque en el actuar político la influencia norteamericana se centró en los atajos, los cuales terminaron en indiscutibles fiascos.

Muchos menos hay unidad, el canibalismo político y las divisiones desalientan las esperanzas de un cambio para mejor. Es que no sería suficiente, que se concretara la fantasía de una intervención militar al estilo Panamá como pasó con Manuel Antonio Noriega.

No hay proyecto, no hay unidad y la solución vendría desde a fuera, en estas condiciones será mayor la incertidumbre hacia el futuro. A la misma oposición se le olvidó las dos principales premisas que empleó el presidente Nicolás Maduro vender su convocatoria a constituyente:

  • Lograr la paz.
  • Crear un nuevo ordenamiento jurídico para la constitucionalización de las Misiones y del Estado Comunal.

En mi humilde y valedera opinión, sin ánimo de exaltar a la constituyente, la oposición en sana paz logró más sencillamente participando unida en elecciones. Ganó alcaldías, gobernaciones, legislaturas, referéndum, asamblea nacional y por simple desgaste político aseguraba la Presidencia de la República.

Era poco probable la reelección del presidente Nicolás Maduro en 2018, pero si la oposición llamó a la abstención obviamente guste o no Maduro ganó. Por tanto, el gobierno dispone de un beneficioso comando de campaña, irónicamente se mantiene en el poder aprovechando los errores del adversario.

¿Atajo o Elecciones? 

Recordemos, que el venezolano de a pie castigó al presidente Nicolás Maduro en las elecciones parlamentarias de la Asamblea Nacional del 2015. En ese momento, el rechazo electoral se capitalizó en votos, en la que se incluyeron algunos electores que votaron por Chávez en 2012 y por Maduro en 2013.

Un descontento desaprovechado por una dirigencia política opositora que hizo del parlamento nacional un Reality Show de principio a fin, sin ideas y sin proyecto. En la conducción política, la cúpula opositora desestimó la capacidad de maniobra de un gobierno apoyado y dirigido por estrategas militares.

Nada cambiará si la dirigencia opositora despotrica del gobierno y de las pasadas elecciones del 6-D. Peor aún, si en el discurso desprecian a los candidatos y a los electores que participaron en las pasadas elecciones.

Si hubo un hecho despreciable, abominable y maquiavélico fue cuando un grupo de dirigentes mandaron un 11 de abril a sus partidarios a marchar hacia Miraflores.

Muchos se decepcionaron tras salir a la luz pública las revelaciones del entonces corresponsal de CNN Otto Neustald y el vídeo de los militares sublevados en el 2002. No por eso dejaron de ser opositores a Chávez y luego a Maduro, a la cuenta se le suma chavistas antimadurista.

“Estuve con los militares dos horas antes de que se desatara la violencia, eso no lo puede negar nadie porque yo lo tengo grabado”, dijo Neustald develando la manipulación de un grupo de militares encabezados por el vicealmirante Héctor Ramírez Pérez.

Los gobiernos de Bush, Obama y Trump no pudieron lograr el objetivo de desalojar Chávez ni a Maduro definitivamente de Miraflores   

La historia nos dice que el apoyo obtenido por la oposición de parte de la Casa Blanca, no fue determinante para un cambio de rumbo en lo político y mucho menos en lo económico.

La oposición lejos de avanzar retrocedió desaprovechando el desgaste y/o la impopularidad de Nicolás Maduro. Para derrotar al sucesor de Hugo Chávez bastaba con participar con un candidato único en las elecciones presidenciales del año 2018.

Los atajos fortalecieron a Chávez y también a Maduro, al igual que la abstención. A la oposición le fue mejor cuando fue unida a las elecciones, a pesar de carecer de un necesario Proyecto Nacional.

A estas alturas, a Maduro no le afecta en nada que Estados Unidos, la Unión Europea y el Grupo de Lima lo desconozcan como gobernante.  Reconocer hoy a Juan Guaido es más controversial que hace dos años en términos político y jurídicos.

¿Qué pasará si los líderes opositores siguen enviando mensajes confusos?

La oposición reconoció que fue un error no haber participado en las elecciones parlamentarias del 2005.  Diez años después obtuvo un triunfo indiscutible y a la vez esperanzador, pero actualmente carece de claridad, orden y precisión.

Hacia el futuro y a partir de esta experiencia, la dirigencia opositora debe corregir y enmendar sus errores. Tiene la obligación moral de hacerlo por encima de los intereses personales y partidistas.

Los líderes de la oposición están quedando mal parados antes sus seguidores, lo cual es perjudicial y contraproducente.

Cabe destacar, que en las elecciones de gobernadores del 2017, el gobierno logró volcar a una parte significativa del pueblo opositor en contra de sus líderes y se manifestó en la abstención. La causa de la derrota estuvieron en:

  • Desgastarse en el atajo de las protestas del 2017.
  • Desestimar a Maduro.
  • Reaccionar equívocamente cuando Maduro convocó a la Asamblea Nacional Constituyente.
  • Mostrar desprecio por Nicolás Maduro tildándolo de dictador.
  • Llamar a desconocer a la Constituyente calificándola de ilegítima.
  • Mostrar ambigüedad discursiva sin medir el impacto de sus errores al observarse que reculó en su retórica.

La oposición es una mayoría dividida que está en busca de un liderazgo renovado, coherente, congruente y capaz de proyectar sentido común, sindéresis, confianza y pertinencia. Pese a la derrota del 15 octubre del 2017, tuvo grandes posibilidades de alzarse con las presidenciales, pero equívocamente llamó a la abstención.

Si la oposición se une promoviendo una política coherente, pertinente, congruente, civilizada, democrática, constitucional y pacífica logrará más que si se le ocurre otra vez llamar a la violencia y/o sigue convocando a la abstención cada vez que se realicen elecciones.

Nuclear a la oposición, reunificarla y rescatar la confianza perdida quizás constituya en uno de sus mayores desafíos políticos. De lo contrario, la maquinaria oficialista seguirá ganando elecciones, sin que le afecte la significativa disminución de su votación.