SOBRE EL CRISTAL

EL SUEÑO DE UNA COSA: PISTAS PARA EL DEBATE SOBRE EL ESTADO

COMUNAL

(Del Socialismo irreal al Socialismo profundo)

“…el mundo tiene, desde hace largo tiempo, el sueño de una cosa, de la que solo
hace falta que posea la conciencia para poseerla realmente”

K. Marx
(Carta a Ruge: 1843)
“Nadie, en la base, tiene la posibilidad de participar en la elaboración
de planes para el futuro, de fiscalizar su orientación o sus mecanismos”
Roger Garaudy

La idea de un mundo, sustentable, justo y equitativo -posible por demás- no es nueva,
data de los orígenes mismos de la humanidad, sin embargo, como sistema de
organización social avanzado, por lo menos teóricamente pudiéramos ubicarla en la
etapa media de la llamada revolución industrial, en principio con los planteamientos
formulados por Owen, por ejemplo en: “Una Nueva Visión de la Sociedad”, obra
publicada en 1813, se exponen las primeras formas de estructuración alternativa de la
sociedad, en contraposición a las desigualdades emanadas del competitivismo
individualista liberal burgués, representaciones conceptuales que se corresponden con
el cognomento “socialismo” en tanto fundamento de la sociedad igualitaria. Incluso, es
posible ir más atrás hurgando en las doctrinas colectivistas desde Platón hasta Tomás
Moro, digamos.
Partiendo de esta generalización, a nuestro entender, tal forma de estructuración
político-social no ha sido alcanzado – hasta ahora – por ninguna nación jurídicamente
organizada, en todo caso han habido intentos y procesos de construcción de esta forma
social de vida, en distintos momentos de la historia como distintas han sido las vías
para materializarla, entre errores y aciertos, de algún modo ha valido el sacrificio de
millones de hombres que han centrado sus esfuerzos en la concreción de un planeta
humanizado y ecológicamente duradero.
Se ha hablado de Socialismo Utópico, Científico o Marxista, Cristiano, Cooperativista,
Zuche, Arabe, Soviético, Africano, Asiático, Indiano, Latinoamericano, Nórdico, real,
realmente existente, Bolivariano, del Siglo XXI y hasta Hermenéutico, este último
expuesto por Jesús Puerta en su articulo “Del socialismo científico al socialismo
hermenéutico”, (Relea. Revista Latinoamericana de Estudios Avanzados .Caracas, Nº

22, julio-diciembre de 2005), todas ellas como categorías teórico practicas, sin que ello
signifique que se haya experimentado profundamente este nivel de desarrollo
democrático de la sociedad.
Sin adentrarnos en la exploración de aguas profundas, aquí no se pretende cuestionar
ninguna de las sucesiones conceptuales anteriores, no es nuestra intención, como no lo
es explanar una critica global de la construcción hipotética del socialismo, sería
demasiado presuntuoso y temerario de nuestra parte, so pena de caer en simplismos y
vaguedades, lo que intentamos es señalar que no puede ser tangible algo “no nacido” o
“no concebido” – para utilizar una expresión del derecho positivo – lo que los
representantes más reaccionarios de la ideología transnacional capitalista, acuñan como
fracaso de un sistema político-social, no es otra cosa que una visión manipulada e
ilusoria de la realidad (¿de la verdad?).
Sin embargo no podemos detenernos en la búsqueda y construcción de un universo del
“buen vivir” para el ser humano, encontrar otro mundo posible se hace perentorio y
realmente necesario, dado el riesgo de exterminio de toda forma de existencia en el
planeta. Esto último teniendo en cuenta que cualquier representación de organización
política o social pensada “… debe tener la mirada no sólo en la explotación económica
de los trabajadores, sino también en las diversas formas de opresión y destrucción del
hombre y de la naturaleza que van más allá de la relación entre el capital y la fuerza de
trabajo”. (Harnecker, Marta. 1999. Haciendo Posible lo Imposible. La izquierda en el
umbral del siglo XXI. México D.F. pág. 340)
No esta permitido postergar mas el rastreo de “…el sueño de una cosa”, hemos
dormido demasiado tiempo, es hora de despertar. En palabras del historiador español
Santos Juliá “Desde muy antiguo casi desde que el hombre ha podido pensar, mágica o
racionalmente, sobre si mismo y sobre el mundo que le rodea y del cual se siente parte y
protagonista, la humanidad ha sospechado que podía existir un orden social en el que se
estableciera la absoluta armonía entre las esfera privada y pública, en el que la
colectividad fuera la transparencia y el resumen, a la vez que la sublimación, de todo lo
individual, y este fuera, a su vez, la encarnación personal de lo colectivo.
Armonía entre persona y sociedad, entre individuo y colectividad es, quizá, la utopía
mas creadora de todas las que han salido de la mente humana” (Juliá, Santos. 1973. La
China Roja. Barcelona/España. Los Amigos de la Historia Editores. pág. 163).
Ahora, ¿como abordar el horizonte de esta utopía de emancipación social? Para ello, es
menester visionar claramente cuales deben ser los fines, medios y tácticas para su
instrumentación. Una buena forma de hacerlo sería darle importancia a la participación
desde “la mirada del otro”, asumiéndolo “…como valor ético, que se propone rescatar
de la sociabilidad humana la capacidad de sentir al otro y de caminar al lado de el como
compañero y no como competidor”. (Oscar Niemeyer, arquitecto brasileño).
En el escrito: Luces y Virtudes Sociales publicado por vez primera en
Concepción/Chile. 1834, Simón Rodríguez lo expuso de este modo “…no es hacer cada
uno su negocio, y pierde el que no este alerta, sino pensar cada uno en todos, para que
todos piensen en el. Los hombres no están en este mundo para entredestruirse sino para
entreayudarse”.

Desde otro ángulo, consistiría en salirnos de la “… cantidad de demagogia oficial
alrededor de la comunidad. Escuchamos acerca del Cuidado Comunal, Programas
Comunales, etc. al mismo tiempo que el desarrollo económico está destruyendo
cualquier base orgánica de la comunidad. Una comunidad sólo puede existir en las bases
de la actividad cooperativa.” (W. Paul Cockshott/Allim Cottrell: Hacia un nuevo
socialismo. Documento en línea)
No obstante, como se sabe, no existe peor enemigo a la hora de emprender novedades,
que ese binomio conformado por la ansiedad y el miedo experimentado por cualquier
mortal al exponerse al riesgo del eminente fracaso, este dúo, ha afectado al hombre
incluso mucho antes de ser sistematizado zoologicamente por Kart Von Linné (
Botánico Sueco 1707-78) con el rasgo distintivo de “ poseer una extraordinaria
capacidad para hacer uso de la inteligencia “ (Homo Sapiens: 1735); algunos
entendidos califican a este “sustantivo psíquico” como “ angustia del desempeño”.
Este estado anímico (anémico) en los “dirigentes”, ha arrastrado a cantidades de
proyectos a una especie de letargo perpetuo, planteándose como un problema social y
no meramente individual, haciendo que los colectivos justifiquen como natural la
desigualdad, la explotación y la opresión social, nublando la posibilidad cierta de tomar
conciencia de la condición de sumisión en la que están encuadrados, permitiendo que
los sectores hegemónicos reproductores de esa suerte de maldad cultural, se mantengan
aparentemente imperecederos. En el caso venezolano, en muchas cuestiones,
observamos con desden como la originalidad de este “proceso” (acogido bajo la espada
del General Bolívar) pareciera consistir mas bien en seguir igual, nos hemos empeñado,
fuera de toda actividad racional, a corroborar la sentencia lapidaria de Leonardo
Vivas… “aún cambiando los objetivos y propósitos políticos, nos copiamos los
modos, hábitos y malas mañas de lo que estamos dejando atrás.” (Chávez: La
Ultima Revolución del Siglo. Planeta 1999. pág. 15)
Espontáneamente, nos dejamos llevar con relativa facilidad por situaciones del pasado
y las sucedidas diariamente, se suele pensar entonces, que en el futuro todo se
mantendrá igual, de allí la falsa actitud de no enfrentar los eventos erróneos en su justa
dimensión, simplemente nos mantenemos a la zaga de estos, cuestión conducente
finalmente al despeñadero seguro; la falta de comprensión de las ideas y fenómenos
correctamente, nos evita superar las dificultades políticas y materiales, por lo cual se
agudizan cada vez más, y esto ocurre por el temor permanente de no abordar caminos
factibles para la resolución de problemas. No entendemos cual es la razón; no habiendo
otro rumbo a seguir sino el de la realidad misma, indagar en la única fuente donde
pueden encontrarse y extraerse los aciertos, allí, en la “ base de los movimientos” en el
pueblo llano, el de a pie; circunstancia entendida y caracterizada por el inquilino
perenne de las mazmorras italianas de la segunda década del siglo pasado como “ la
reforma intelectual y moral de una sociedad”. (Gramsci)
Cuando sin prejuicios, tabúes o fantasmas (Coram Populo) se le entregue la posibilidad
real de participar, fiscalizar y orientar planes de acción política y gubernamental a la
gente y por relación directa potestad para sancionar cualquier desviación, como se
deduce por oposición de lo expresado por Garaudy líneas arriba, sólo podremos
percibir el sentido redituable del “proceso”. No antes.

Sin embargo, la inquietud cerval (real o imaginaria) es libre, no creemos que este
asociada a la inteligencia, por lo cual se debe ser lo suficientemente listo para apartarnos
de sentimentalismos y asumir desde adentro la proyección de los factores primarios
identificados con el conjunto de situaciones actuales como “sujetos concretos” del
cambio.
En general, existe la necesidad imperativa de romper con los esquemas mentales que
nos mantienen encadenados a las circunstancias del momento y la costumbre,
conceptualizando los sucesos, mediante principios racionales cuyo propósito final sea
suministrar los términos y relaciones de un sistema formal que una vez validado se
convierta en “teoría especifica” para modificar la realidad , consistente en la
elaboración de propuestas sustentadas en un modelo operativo viable, para resolver
problemas de tipo practico que estén más acá del bien y el mal, es decir orientado a
satisfacer necesidades tangibles, lo cual presupone superar el llamado “curso natural
de los acontecimientos”.
Esto debe ser producto de una sola reflexión, sobre la certeza de descubrir los fines
últimos de nuestras actuaciones; es acaso la búsqueda del alcance del destino final de
toda una sociedad.
Con basamento en lo anterior , pudiéramos representar una propuesta explicita en la
implantación de un modelo operativo de participación política constructor de un nuevo
concepto de ciudadanía; en donde tal implantación, no sea la resultante de imposiciones
aéreas sino que se suceda provenido de dos vertientes fundamentales: una horizontal
consistente en la ocupación de espacios territoriales o marcos de competencia de
actuación y otra vertical la cual nacería de una suerte de simbiosis o relación ecológica
entre la base administrador y la base administrado en donde la existencia de uno no
suponga la extinción o desaparición del otro, sino más bien su propia supervivencia ,
como hecho natural definitivo del desarrollo del entramado general societario.
Ahora, de tal relación, deben surgir individuos capacitados técnica y políticamente
para conducir los cambios necesarios, lejanos a todo dogma de sustituir la polémica por
el acatamiento servil y oficioso. Aptos para entender que el “sueño de una cosa” no
acepte la ausencia de contradicciones. Así por ejemplo, “Una aventura que cierto día
comienza, otro día termina, con ideas que no son siempre las mismas” ( J.P. Sartre: El
hombre tiene razón para revelarse, martes 26 de febrero de 1974)
Bajo este conjunto de circunstancias, las cartas sobre el “Estado Comunal” están
nuevamente sobre la mesa, un conglomerado de leyes le respalda o tratan de esclarecer
el esquema a seguir. Quizás “aclararan tanto, que oscurecen” dice la conseja popular, y
esto lo apuntamos siguiendo a John Holloway “luchar a través del Estado es
involucrarse en el proceso activo de vencerse a si mismo”.
Por otro lado, en el constructo de cualquier modelo societario es menester indagar en
la mutación histórica del hombre, como nos señala Ortega y Gasset “… el hombre no
tiene naturaleza, lo que tiene es historia” de modo que podemos decir que es producto
de su propia razón y no de sus instintos, lo que permite “reelaborar nuestra memoria”,
partiendo del conocimiento “… de los esfuerzos realizados por muchas otras
generaciones que se han propuesto hacer cosas, que han iniciado trabajos, que han
cometido errores, que los han rectificado y que han dado su vida por un ideal.”

(Harnecker. Ibidem pág. 338). Sin duda, todo un barril sin fondo de aprendizaje, lo cual
puede ayudar a superar de modo exitoso cualquier angustia de desempeño que nos
aceche a la hora de abordar proyectos de convivencia ciudadana.
No hace falta invocar al barbudo aquel de Tréveris para constatar que cualquier
sociedad nueva del tipo que fuere, arrastra los vicios morales, intelectuales, políticos y
económicos de lo que esta venciéndose, de allí su forma defectuosa de arranque, por lo
que identificar los errores del pasado nos permite rectificar en el presente con
proyección de futuro; por ejemplo nuestras comunidades no son comunes, son meros
espacios para dormir, están desarticuladas de nuestros centros de trabajo o estudio, allí
la identidad y el sentido de pertenencia se pierden, por lo cual participar en proyectos
socio económicos o de cualquier índole se hace cuesta arriba.
Esto sirve de soporte inevitablemente a que se vayan instalando en nuestro
subconsciente valores individuales, alejándonos cada vez mas de la toma de conciencia
por alcanzar “el sueño de una cosa”, acostumbrándonos a que todo nos caiga del cielo
por obra y gracia de la mano invisible del mercado o del “precoz socialismo”.
“Cuando se intenta crear una nueva sociedad construyéndola a partir de los defectos
heredados de la vieja sociedad, se refuerzan los elementos de la vieja sociedad que son
inherentes a la nueva sociedad desde su versión inicial. Cuando se fomenta el egoísmo,
se refuerza la tendencia de las personas a comportarse de acuerdo a sus intereses
personales sin considerar los intereses de los demás, se refuerza y profundiza la división
entre los individuos, grupos regionales y nacionales, la desigualdad pasa a ser vista
como algo normal. Cuando se legitima la idea de que obtener más para uno mismo es
del interés de todos, se crean las condiciones propicias para el retorno a la vieja
sociedad”. (LEBOWITZ, Michael. 2006. El Socialismo no cae del cielo. Caracas.
MINCI. pág. 12).
No puede ser más elocuente el párrafo anterior, por otro lado, al internalizar de manera
correcta, eficaz y eficiente el tipo de organización que queremos construir, nos evitará la
molestia de terminar como el General Bolívar: arando en el aire y cultivando en el mar,
para que “el sueño de una cosa” prospere es necesario echar raíces comunitarias,
sembrar comunidades cooperativas en donde la gente se involucre y entienda que
trabajar por el bien común es beneficiarse a uno mismo, alejándose de todo
individualismo y egoísmo, o peor aún; hegemonismo.
Como se entiende, no esperemos nada del cielo, la autogestión y la cogestión son
nuestras mejores cabezas de playa para descubrir “el sueño de una cosa”. Estas dos
categorías (autogestión-cogestión) deben ser la medula y la esencia del sistema
socioeconómico, principio fundamental y cimiento sobre el cual se edifique el
mecanismo sociopolítico, su significado y contenido va a depender del grado de
desarrollo que vayan obteniendo las comunidades y las circunstancias en la que se
practique, se puede ir abordando de manera progresiva, creando comunidades de
intereses autogestionados (vivienda, ahorro, salud, jubilación ) hasta lograr etapas
superiores de autogestión social integral que abarque todos los aspectos de la vida en
común.
La constitución venezolana de algún modo ofrece luces para estas formas de mandato,
en el artículo 184, aparte 6° prevé la posibilidad de crear “…nuevos sujetos de

descentralización a nivel de las parroquias, las comunidades , los barrios y las
vecindades a los fines de garantizar el principio de la corresponsabilidad en la gestión
pública de los gobiernos locales y estadales y desarrollar procesos autogestionarios y
cogestionarios en la administración y control de los servicios públicos estadales y
municipales”; aunque cayendo del cielo, la puerta esta abierta, es preciso aprovechar y
llevar estos conceptos a su máxima expresión..
Con una claridad meridiana sobre el fin ultimo a perseguir, la autarquía en el aspecto
socioeconómico y aún en lo político, debería ser la meta, de manera que cualquier
intento autogestionario debe enfocar su actuación “…. tanto en la esfera de las
relaciones políticas como en la esfera de las relaciones económicas, de manera que no
significa sólo el ejercicio de la soberanía política, sino también económica, de la clase
obrera y de todos los trabajadores. Pues, la autogestión no consiste solamente en
transferir las funciones del Estado a la sociedad y a los órganos de autogestión, como
tampoco se reduce a extender el círculo de los que gobiernan o a aumentar el número
de los centros de decisión. Tampoco se debe entender como una evolución de la
democracia técnica tradicional. Es mucho más que todo eso: constituye y expresa el
cambio de poder mismo, o sea el cambio de la estatalidad tradicional. La autogestión es
un proceso de democratización de toda la sociedad, eso es, de una sociedad en la cual el
Estado se extingue progresivamente, y en la medida que aún exista y actúe tiene el
carácter de un instrumento en manos de la clase obrera. Así entendida, la autogestión
constituye, indudablemente, un sistema por el cual se puede llevar a cabo el paso de la
sociedad de clases a la sociedad sin clases”. (PAVLE, Nikolic. El Sistema
Sociopolítico de Yugoslavia. En: Hocevar, Joze. Comp. 1984. Socialismo
Autogestionario en Marcha. El pensamiento económico de autores yugoslavos.
Mérida/Venezuela. Consejo de Publicaciones. Facultad de Economía. ULA. pág. 319).
Experiencias existen, lo que no debe hacerse es calcar tales prácticas, solo debemos
tomar, analizar y contextualizar elementos de ellas, en función de nuestras propias
realidades y problemáticas, por ejemplo la clase obrera como sujeto histórico del
cambio social ésta en vías de superación, se asoman sujetos emergentes, que aún siendo
obreros se asumen desde otros espacios de participación, en todo caso se trata de incluir
no excluir. Hacer que el “sueño de una cosa” sea deseable para las mayorías, que siendo
hegemonía no se convierta en hegemonismo, como ya se dijo.
Asumir grandes riesgos nos puede procurar grandes ganancias, así por ejemplo “…el
intento más ambicioso para desarrollar instituciones comunitarias fue durante el
período del Pueblo Comunista de China. Este fue el mayor experimento cooperativo en
la historia, involucrando alrededor de 800 millones de personas. Las comunas eran
grandes, con frecuencia tenían más de 30.000 miembros.
Ellos se ocupaban de la agricultura y la industria ligera, y proveían a sus miembros con
educación y cuidados de la salud. A través de sus milicias ellas proveían un elemento de
entrenamiento militar y de defensa. Ellas también eran unidades de auto-gobierno local.
En China las comunas fueron creadas para reemplazar el sistema de economía
doméstica en la agricultura, y ellas hicieron posible el desarrollo de programas de
mejoramiento de la tierra y provisión social, que estaban más allá del alcance de la
economía doméstica. Dentro del contexto de la comuna había un marcado avance en la

posición social de las mujeres.” (W. Paul Cockshott/Allim Cottrell. Ibidem) Esto último
expresa la superación de la división sexual del trabajo.

Partiendo del momento histórico actual, al tratar de aplicar la idea de este tipo de
comuna a nuestra contemporaneidad debemos plantearnos grandes modificaciones en su
concepción, manteniendo principios básicos como la cooperación, solidaridad, igualdad,
fraternidad entre otros, no se debe actuar de manera compulsiva, el arquetipo de
organización que se plantee debe emerger como un hecho natural de las entrañas o
catacumbas de las propias comunidades atendiendo a sus particularidades y
necesidades más sentidas. Como se ha expuesto mas arriba, es un proceso gradual. La
siempre extrañable Marta Harnecker lo ha apuntado en reiteradas oportunidades “…no
creo conveniente que una ciudad se declare socialista antes de tiempo, hay que ganarse
ese titulo”. Por ello no compartimos de un todo, en su momento, el llamado que hizo el
Presidente Maduro a la Asamblea Nacional, para que consultara, redactara, elaborara y
aprobara leyes relativas a las Ciudades y Parlamentos Comunales para el 24 de junio de
este año, aprovechando el simbolismo de los 200 años de la Batalla de Carabobo, esto
puede resultar peligroso e improvisado con el riesgo de abortar la criatura o por lo
menos provocar un parto prematuro con las consecuencias que esto implica,
llevándonos sin duda a que, “… en nuestra época, grandes partes del pueblo, vivan en
una apatía triste y sin amor” (Herman Hesse).
En este punto, entendemos que la historia no se escribe de un día para otro, “podemos
aprender lo que ignoramos, no solo sabemos destruir el mundo viejo, sino que también
sabemos construir uno nuevo” (Mao). Aquí, la originalidad de la vanguardia es
preponderante, capaz de entender la dialéctica de las contradicciones que se planteen en
el seno de las comunidades, en palabras de Abel Prieto “…creo firmemente en el papel
de la vanguardia. Una vanguardia que tiene que nacer de los propios movimientos. No
puede ser una vanguardia intelectualista, aunque debe estar preparada intelectualmente,
es un momento en que teoría y práctica están sometidas a desafíos nuevos. Ya no
estamos en los noventa, aquel momento sinistro en que parecía que no se podía hacer
nada” (entrevista con Paul Walder: revista Question, mayo 2006. pág. 15, año 4. N° 47).
La vanguardia, volviendo a Mao, “…debe dar a si misma ejemplo de estudio. En todo
momento deben ser alumnos de las masas populares a la vez que sus maestros”, es la
simbiosis de la que se hablaba párrafos arriba. “La critica debe hacerse a tiempo; no hay
que dejarse llevar por la mala costumbre de criticar, sólo después de consumados los
hechos…decir todo lo que se sabe y decirlo sin reservas, no culpar al que habla, sino
tomar sus palabras como una advertencia” (Mao) . Cualquier exhortación siempre debe
verse en sentido positivo, nunca buscando fantasmas donde no los hay. El debate sano
siempre será mejor que la descalificación desconsiderada, abusando de una determinada
posición dentro de la estructura organizativa desde donde se opere políticamente.
Cuando hablamos de la originalidad de la vanguardia, nos referimos a que debe estar
alerta y atender en todo momento a los requerimientos de la comunidad, siendo parte
sustancial de la misma deben ser sus propias exigencias/obligaciones, su papel es
orientar, nunca imponer o proceder “en nombre de un pueblo ausente, idealizado,
representado por esos otros que pretenden saber donde está su bien y actúan en su
nombre para alejarlo cada vez más del poder, utilizándolo para alcanzar los ideales o
intereses de un puñado de intelectuales, de burgueses, de oligarquías o tecnócratas”.

(González, Ximena, prefacio al libro de H.Prosper-Olivier Lissagaray. La Comuna de
Paris. Caracas. Monte Ávila Editores Latinoamericana). Las comunidades no necesitan
interlocutores, son el mejor sujeto de su transformación, de su pensamiento brotan
directamente los ejes para impulsar el cambio necesario, así lo deja ver Lissagaray al
citar a Saint-Just en el texto referido “…la revolución está en el pueblo, y no en la
celebridad de unos cuantos personajes” (pág 237),
Pasando a otro plano, toda organización debe tener un marco de competencia y
actuación, compuesto por: territorio, población, administración y entramado jurídico.
En relación al territorio, vale la siguiente pregunta, ¿Qué define a un determinado
espacio geográfico como espectro de movimiento de una organización de poder
popular? A nuestro juicio, lo demarcará las necesidades y expectativas comunes
independientemente de la ubicación cartográfica en el mapa político-administrativo tal
como lo conocemos. Esto nos lleva a pensar que un territorio, llamémoslo social,
comunal o “x”, puede estar conformado por una o varias comunidades asentadas en una
misma Parroquia o sector u otra entidad colindante distinta, lo importante es la
tipificación y verificación de las problemáticas habituales.
Preexisten conocimientos cercanos, con relativo éxito, en el Municipio Libertador del
estado Carabobo, hubo comunidades que no pertenecían a esta circunscripción, sino a
Tinaquillo del estado Cojedes, sin embargo por razones operativas y de vecindad sus
necesidades las suplían de este lado del mapa por lo que quedaron integradas a los
territorios sociales demarcados en la municipalidad de Libertador.
Así por ejemplo, se instauro una nueva división político territorial, subdividiendo al
municipio en los llamados territorios sociales, buscando romper con el distanciamiento
entre el aparato burocrático municipal y las comunidades.
Argenis Loreto en aquel momento Alcalde del Municipio, se lo explica a Marta
Harnecker de esta manera “…nosotros planteamos entonces que en esto de la división
político territorial, en esta nueva división de los espacios, deberíamos entrar a
considerar no únicamente la extensión, la topografía, sino también el hecho social, no
podíamos seguir con esas poligonales de las parroquias o municipios” (Harnecker,
Marta. 2007. Gobiernos Comunitarios. Municipio Libertador. Estado Carabobo
Venezuela. Caracas. Monte Ávila Editores Latinoamericana. pág. 18)
Fue un proyecto novedoso, incluso anterior al expuesto en el referéndum para
reformar la constitución nacional en 2007, conocido como “nueva geometría del
poder”, propuesta como se sabe, no tuvo aceptación en la mayoría del electorado.
Mas adelante nos dice Loreto “…esto permitió darle organicidad al municipio, hoy
tenemos un mapa que nos permite precisar la realidad concreta de la gente, sabemos
cuántos barrios hay, cuales son sus características culturales, antropológicas, históricas,
que espacios tienen comunidades parecidas, similares, con historias y necesidades
comunes” (Harnecker, ibidem)
Ocurre lo mismo con poblaciones como Tucacas-Puerto Cabello (Falcón-Carabobo),
Magdaleno-Guigue (Aragua -Carabobo) Arismendi-El Baúl (Barinas-Cojedes)

Guasdualito-San Cristóbal (Apure-Tachira), Nirgua-Valencia, (Carabobo-Yaracuy),
Yaritagua-Barquisimeto (Yaracuy-Lara) entre otras.
Esta nueva forma de asumir los espacios nos conduce a promover profundos exámenes
teóricos y prácticos, implica visiones distintas de abordar la problemática comunal, es
ver a la comunidad tal como es vivida en su día a día, dándole sentido a los hechos
cotidianos. Es lo que Herman Hesse, llamaría “suministrarle alma a la vida”.
La internalización y exteriorización de los nuevos espacios de poder, deben enfrentarse
y asimilarse con toda la carga ideológica que esto envuelve, lo de “suministrarle alma a
la vida” no es otra cosa que desmontar las maneras de subsistencia actuales, estudiando
el comportamiento colectivo desde la familia, la educación, el ocio, la cultura, el
trabajo y la geohistoria por mencionar algunos aspectos impregnados en la vida
humana. Siempre teniendo claro y partiendo del hecho cierto mediante el cual “ningún
fenómeno puede comprenderse totalmente hasta que no se ha desarrollado y
consolidado en su plenitud”. (Novack, George. 1975. Los Orígenes del Materialismo.
Buenos Aires. Ediciones Pluma. Pág. 7)
Un poco para ir cerrando la búsqueda de la toma de conciencia por lograr el “sueño de
una cosa”; cosa, que se desea y se acerca a ratos de manera constante, pero que nunca
llega a cumplirse (una especie de asíntota, en lenguaje geométrico) abordaremos un
punto un tanto borrascoso pero de gran interés, pues es un factor determinante en la
comprensión del alejamiento de los espacios de poder hacia las comunidades desde la
legalidad actual.
Nuestro sistema jurídico siempre ha sido opaco, aún en “revolución” no ha avanzado lo
suficiente, sus principales instrumentos: el derecho (doctrina) y el cuerpo normativo
(códigos, leyes) resultan forzosamente obstáculos para el cambio social.
Atado a explicaciones estructurales (positivismo), nos dice el Prof. Cárcova “…no
reflexiona en torno al fin social del derecho, ni a las funciones que el derecho cumple en
la vida social, ni a qué intereses, ni si el derecho es un instrumento de conservación o
transformación de la sociedad, de sus valores, de sus prácticas, de sus mecanismos de
poder. Y ello así, porque parte de la premisa de que el derecho es un discurso
instrumental… un saber de tipo instrumental que puede servir a un interés u otro”.
(Cárcova, Carlos. 2009. Las Teorías Jurídicas Post Positivista. Buenos Aires. Abeledo
Perrot. pág 149-150)
Ajeno a la tierra pues, por ello la dinámica social le pasa por un lado y el derecho se
mantiene allí, estático, inmutable, infuncional para el hecho dialéctico de
transformación reclamado por las comunidades.
Sostienen nuestros teóricos, y en consecuencia los hacedores de leyes un criterio
“cientificista” en donde “el derecho debe ocuparse de las características lógico-
metodológicas que informan su estructura. Así, la preocupación teórica fundamental
concernirá a la consistencia de las proposiciones, a la completitud del sistema, a la
decibilidad de las cosas según las previsiones normativas. En suma, se trata de una
visión estilizada, que apuesta al rigor, al precio de <<disecar>> el objeto sobre el cual
se despliega” (Cárcova).

Esta herencia positivista es la que permite sentir al derecho como un mecanismo
necesario de legitimación, preservación y reproducción de ciertas formas privilegiadas
de poder, lo cual bloquea cualquier asociación del derecho con el cambio social
Hemos traído a colación estos enfoques, en ocasión de arrimar el debate hacia nuestros
operadores jurídicos (Doctos, Legisladores, Jueces, Registradores, Notarios, Revisores,
Secretarios, Alguaciles…) éstos, no solo deben manejar “como es el derecho” sino
“como debería ser el derecho”. Desde un criterio muy personal, diremos y sostendremos
que entre muchas cosas debería ser; dinámico, flexible, previsible y multidisciplinario,
lo cual permitiría su rápida adecuación y acoplamiento a la realidad mutante.
Un paradigma de gestión comunitaria autónoma, debe contar con el apoyo de un
aparato jurídico-legal igual de soberano, capaz de romper con la visión esquemática del
derecho, ampliar enfoques, a fin de lograr que nuestros preceptos legales sean contestes
con la función social del derecho como agente activo del cambio. Y esto es posible, con
la transformación de los esquemas mentales de los funcionarios, lo que se logra
partiendo del estudio y análisis de la base material de la sociedad como ente primario y
fuente de todo andamio ideológico jurídico.
Para puntualizar, llamaremos al estrado, a tres hechos relativamente frescos en nuestra
memoria, inscritos dentro del cerco legal perpetrado contra procesos de metamorfosis
social.
El primero de ellos tiene que ver con el llamado a una Asamblea Nacional
Constituyente por parte de las fuerzas bolivarianas una vez logrado el control político
electoralmente.
Materializar dicha propuesta, se convirtió en todo un calvario, costo dios y su ayuda, de
una vez saltaron Tirios y Troyanos con argumentos leguleyos sobre la violación de los
principios sacrosantos de nuestra constitucionalidad, tal osadía, no gozaba de basamento
legal alguno, mas de un jurisconsulto vivía con jaquecas frecuentes, hasta que
finalmente con mucha mano zurda, hubo el convencimiento de que era políticamente
viable, y los más conspicuos adversarios de aquella diabólica idea, se anotaron en
primera fila para participar y ser miembros de la tan mancillada Asamblea, cuya
propuesta principal era transformar la República.
Líneas arriba, nos hemos referido al Municipio Libertador del estado Carabobo, allí se
planteó la otra disyuntiva legal. Una vez delimitados los territorios sociales y
constituidos los gobiernos comunitarios, como una forma de transferir competencias a
las comunidades, con amplia participación ciudadana, incluso de gente contraria
políticamente a quienes impulsaban la nueva forma de poder territorial. Al intentar darle
personalidad jurídica a los gobiernos de marras, para poder traspasar recursos a los fines
de ejecutar los múltiples proyectos de mejoramiento social comunitario, hubo el cerrojo
por parte de los Registros Civiles, no obstante que la novísima constitución del 1999,
asomaba la posibilidad de constituir tales organismos (art 184), como pasó con la
propuesta constituyente, no había modo ni manera de que los fulanos registradores
entendieran que estábamos frente a una nueva realidad histórica y política. Los ánimos
llegaron a tal grado de efervescencia que hubo amenazas de judicializar a las
autoridades municipales, principales promotores de la esperanzadora forma de
gobierno.

En la Valencia profunda ocurrió el ultimo caso a comentar, nos toco de cerca dado que
participamos en ello, En la Comuna El Sur Existe, una de las primeras experiencias de
este tipo en los sectores deprimidos de la ciudad, se planteó la discusión sobre la
necesidad de crear una Empresa de Producción Social, (EPS) como forma de
autosustentar los proyectos de la Comuna. Esta vez el obstáculo vino de la mano de los
Registradores Mercantiles, aferrados a un Código de Comercio vigente desde 1912, las
EPS no cabían por ninguna parte, la pelea fue larga y desgastadora, los argumentos se
daban de uno y otro lado sin ningún resultado, el asunto se enfrascaba en la bendita
naturaleza jurídica y régimen legal aplicable a dichas empresas, “se pude incurrir en un
atentado contra el valor de la seguridad jurídica, y alejar la inversión, no hay criterios
jurisprudenciales sobre el asunto”, hasta caer en la disquisición mas esclarecida
“estamos frente a un vacío legal, imposible seguir con esto.” Sin duda, la opacidad del
derecho en acción.
Sobre esto, de una lectura llana del articulo 308 constitucional se desprende la
posibilidad de la presencia de este tipo de empresas: “El Estado protegerá y promoverá
la pequeña y mediana industria, las cooperativas, las cajas de ahorro, así como también
la empresa familiar, la microempresa y cualquier otra forma de asociación
comunitaria para el trabajo, el ahorro y el consumo, bajo régimen de propiedad
colectiva, con el fin de fortalecer el desarrollo económico del país, sustentándolo en
la iniciativa popular. Se asegurará la capacitación, la asistencia técnica y el
financiamiento oportuno” (negrillas nuestras). Amén de la existencia de sendos
instrumentos rectores: Decreto Nº 3.895 sobre Desarrollo Endógeno y Empresas de
Producción Social de fecha 12 de septiembre de 2005 y el Instrumento Normativo
Interno sobre la Promoción, Funcionamiento y Fiscalización de las Empresas de
Producción Social (EPS), dictado por el Ministerio de Industrias Básicas y Minería de
fecha del 20 de junio de 2006 publicado en la Gaceta Oficial Nº 38.462 de la República
Bolivariana. Al final del día, al fin, se impuso la racionalidad política sobre el criterio
tradicional estructural positivista.
Casos como estos, están esparcidos por toda Venezuela, coartando la posibilidad de
innovar en el empoderamiento comunitario autogestionario. Esto indica que las elites
todavía no comprenden o más bien no aceptan que las transformaciones sociales pueden
hacerse “desde abajo”.
También, deja claro que “…la transformación actual de Venezuela es, de este modo, el
producto de una tensión entre el poder constitutivo y el poder constituido, donde el
principal agente de cambio es el constitutivo. El poder constitutivo es la capacidad
creadora, colectiva, y legítima de los seres humanos, expresada en los movimientos y en
la base social organizada para crear algo nuevo sin tener que derivarlo de algo
previamente existente. En el proceso Bolivariano, el poder constitutivo –el estado y sus
instituciones acompaña a la población organizada; el cual debe de ser el facilitador de
los procesos ascendentes, de tal forma que el poder constitutivo pueda adelantar los
pasos necesarios para transformar la sociedad” (Azzellini, Dario. El Estado Comunal:
Consejos Comunales, Comunas y la Democracia en el lugar de Trabajo. Revista
Kavilando. Vol 5. N° 1. enero-junio 2013. pág 56-57. Versión en línea).
Para no darle más largas a esta dispersión de ideas, que no son otra cosa que pistas para
el debate y teniendo claro que la búsqueda del “sueño de una cosa” es directamente

proporcional a la más elevada forma de organización social, dejaremos como “papel
para la discusión” algunos desafíos inherentes al ejercicio práctico del desarrollo
democrático, y que García Linera cataloga como retos de esta forma de ejercer el
poder. Helos Aquí: a) La democracia de bienestar económico y social b) Democracia y
complejidad institucional (Liberalismo y comunitarismo) c) Autonomías regionales y
unidad estatal. Y, d) Ciudadanía intercultural. Pudiéramos agregar algunos otros
aspectos un poco más espinosos pero que aportan señales para un camino alternativo,
tales como el problema de la gobernabilidad en espacios locales, relaciones partido
político/organizaciones sociales/gobierno local, manejo del aparato burocrático, la
herencia dejada y los asuntos de la modernización de los esquemas de trabajo,
conducción geográfica de los servicios, especificidad de las remuneraciones/trabajo
voluntario, el asambleismo, inter alia. En todo caso, la marcha no debe aflojarse…
“busca al obrero en la fabrica, dale la mano al obrero, dile que la lucha es larga, que hay
que aligerar la carga, para trochar el camino del mundo libre que el se soñó”. (Alí
Primera), o, parafraseando a Sartre “la verdadera democracia es la revolución, lo que
quiere decir que se forja al rojo”. Caso contrario habrá que comprender esta otra verdad
“el poder, nace del fusil” (Mao). El fusil cargado de ideas. Y con esto, acabamos.
Es Autentico,
Martín LEON
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