La polarización influyó en el debate sobre el sistema electoral venezolano siendo el inicio de la automatización un tema de una estéril diatriba política. Las disputas por el control de la rectoría del ente electoral desvió la atención de la necesidad de desarrollar el pluralismo político.

En Venezuela no se asoma ninguna posibilidad de una segunda vuelta electoral o balotaje​. En los últimos 20 años,  solo hubo un ligero avance en la representación de las minorías con la representación indígenas.

Sin embargo, todo está diseñado para que a nivel legislativo, el que gane se lo lleve todo. En el caso de la Asamblea Nacional, se produce una réplica en los Poderes Públicos que se derivan de este.

La polarización política, se centró en la ilusión de cambio de dos polos antagónicos. Hugo Chávez fue la figura central de una intensa confrontación entre sectores opuestos entre sí.

Un sector pensó que el cambio sólo era posible, si Hugo Chávez salía de la presidencia. Pero para el otro sector la ilusión de cambio significaba la continuidad de Chávez en el poder hasta el 2021 y más allás.

A 8 años de la muerte de Chávez, muchas cosas cambiaron en relación a la polarización.

Pero en nada el sistema electoral favorece a las minorías y al pluralismo democrático. No precisamente por una responsabilidad atribuible únicamente al sucesor de Hugo Chávez.

No debe ser una casualidad que Venezuela ocupe el puesto 134 del “Índice sobre Nivel de Democracia en el Mundo”, un ranking que no me convence del todo al ver algunos países con elecciones de segundo grado estén ocupando los 25 primeros lugares de 167 países.

Tampoco es una casualidad que naciones como Noruega, Islandia, Suecia, Finlandia y Suiza se ubiquen en los primeros 10 lugares. Sin embargo, no deja de ser interesante que se evalúe o mida las siguientes categorías: Procesos electorales y el pluralismo, el funcionamiento del Gobierno, la participación política, la cultura política democrática y las libertades civiles.

Los partidos no entienden de pluralismo político

La crisis de nuestro sistema democrático no es de ahorita, no solo lleva décadas, su génesis se remonta al siglo XIX con el Partido Liberal de Antonio Leocadio Guzmán. Cuando revisamos la historia de todos los partidos, concluimos que:

  • Absolutamente todos pasaron por crisis y algunos desaparecieron.
  • En la mayoría prevaleció una cultura política antidemocrática, sin democracia directa.
  • Las bases no eligen a sus dirigentes o la eligen en elecciones amañadas.
  • La desinstitucionalización de los partidos políticos, le hizo mucho daño a la democracia.

Hay ejemplos como en Acción Democrática prevaleció hasta el racismo para negarle al maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa ser candidato presidencial, en Copei se hacía lo que le daba la gana a Rafael Caldera y el PSUV pretendió ser algo menos adeco que el MVR y terminó siendo peor que todos los anteriores.

Los cogollos dirigenciales son los que deciden a quienes debe elegir el pueblo. Un debate más profundo que valdría la pena retomarse.

Pluralismo político

Si el pluralismo se convierte en una expresión no coaccionada a lo interno de los mismos partidos políticos, eso impactará en el sistema electoral. Ojalá que a futuro las elecciones internos de los partidos incluya una metodología de debate y balotaje.

La verdad verdadera es que la participación política está sucumbiendo ante sectarismo que prevalece en casi todos lo partidos.

Tristemente los partidos políticos transitan por las sendas de la oscuridad y la improvisación. Ojalá me equivoque, pero creo que estamos en modo que se puede esperar si le “pedimos peras al horno”.